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Articles i entrevistes Dr. José Luis De Córdoba

Regeneración celular y dolor de espalda

El aislamiento hace tres décadas de unas células ‘camaleónicas’ capaces de autocopiarse y transformarse en casi cualquier tipo celular, ha sido y es uno de los mayores logros de la ciencia moderna. Desde entonces se han indexado en la base de datos Medline más de 30.000 artículos sobre las células madre (CM) y se han creado en los EEUU cerca de mil centros dedicados a la Medicina Regenerativa. Por desgracia no es ‘oro celular’ todo lo que reluce.

A título de ejemplo, se publicitan “células madre” para la artrosis de rodilla cuando en realidad se trata de PRP, es decir proteínas secretadas por las plaquetas del plasma. Algo parecido ocurre respecto a los orígenes de las CM, se pueden obtener  de la sangre del cordón umbilical o, dando un salto atrás, induciendo las células adultas a un estado semi-embrionario.

En otros casos se extraen directamente de los yacimientos donde abundan: el tuétano de los huesos y la grasa subcutánea. Asimismo, se están usando con éxito las CM para tratar los cánceres hematológicos pero, en contraposición, a los xenotrasplantes -órganos humanos ‘fabricados’ en animales- les queda un largo camino por recorrer. Dadas las circunstancias, vamos a ceñirnos a la aplicación de las CM en el tratamiento del dolor lumbar.

El dolor de espalda es la primera causa de incapacidad laboral en el mundo. De hecho, un alto porcentaje de la población experimenta crisis recurrentes de dolor lumbar a lo largo de su vida. Contrariamente a lo que se pueda pensar sólo el 10% de los pacientes tiene una hernia discal que comprima un nervio. La gran mayoría sufre lo que se denomina “discopatía lumbar”, a saber: un deterioro crónico de la amortiguación del disco; el disco se deshidrata, agrieta y se vuelve incapaz de afrontar los retos biomecánicos de la vida diaria. Hasta ahora el único paliativo que podíamos ofrecer a nuestros pacientes era la ‘fijación’ metálica de la columna aunque muchos expertos cuestionan su eficacia a medio plazo. A diferencia de la cirugía las CM actúan sobre las causas biológicas que subyacen tras la degeneración discal.

La infiltración intradiscal de CM ejerce un efecto ‘medicinal’, liberando in situ un cóctel de proteínas que modula la respuesta inmune, reduce la inflamación e inhibe la muerte celular programada. Provoca además un ‘efecto llamada’ que moviliza mensajeros celulares encargados de regenerar el disco y estimular la irrigación vascular. En suma, las CM han pasado de ser una utopía a convertirse en una auténtica realidad.

Article publicat a “SALUD Y MEDICINA” – agost 2019


Cuando comer duele II

En el artículo precedente esbozábamos las causas y los síntomas de los trastornos temporomandibulares. Pero, ¿es esta una enfermedad grave?, ¿qué hay que hacer si duele la Articulación Témporo-Mandibular (ATM)? Antes que nada, señalar que el pronóstico es bueno y que muchos casos se resolverán con medidas sencillas al alcance de cualquier facultativo. No obstante, es primordial poner orden y concierto desde el principio, evitando así que el proceso vaya a mayores. Una combinación equilibrada de consejos de autocuidado, férulas de descarga, fármacos (ibuprofeno-arginina) y psicoterapia, acostumbra a ser la fórmula magistral para este tipo de padecimientos. En los casos refractarios con restricción del movimiento de la ATM (anquilosis), se recomienda la artroscopia mediante una cámara de video miniaturizada, e in extremis la apertura quirúrgica de la articulación para eliminar el disco o sustituir la articulación. Sin embargo, antes de llegar a esa situación límite, tenemos a nuestra disposición técnicas mínimamente agresivas para ayudar a nuestros dolientes enfermos.

Artrocentesis de la ATM

La artrocentesis consiste en introducir una fina aguja en cada una de las dos diminutas coyunturas de la ATM e inyectar líquido a presión para liberar las adherencias internas. Este lavado hidromecánico persigue rescatar la funcionalidad de la articulación y acostumbra a ser muy efectivo (85% de éxitos). Normalmente esta técnica se ha practicado a ciegas, por tacto, basándose en referencias anatómicas de superficie. No es difícil imaginar que en dichas circunstancias la certeza de encontrarse dentro de la ATM sea poco fiable. En las unidades del dolor se aboga por realizar esta técnica guiada por imagen, es decir confirmando su localización con un contraste radiológico que dibuje con nitidez la ATM; hoy en día se considera imprescindible el uso de la radioscopia digital para practicar las punciones de alta precisión.

Ácido Hialurónico (AH)

La artrosis se caracteriza por la destrucción del cartílago articular que se vuelve incapaz de amortiguar los retos biomecánicos que se le exigen. Uno de los sellos distintivos de la artrosis es la disminución del AH del líquido sinovial. Afortunadamente, tenemos la posibilidad de inyectar AH en la propia ATM. Aparte de disminuir el rozamiento entre las superficies articulares, el AH inhibe la inflamación y tiene una acción analgésica directa. Los protocolos actuales de las unidades del dolor incluyen infiltrar AH en la ATM al finalizar toda artrocentesis terapéutica.

Article publicat a “SALUD Y MEDICINA” – juny 2017


Cuando comer duele

En estos tiempos de cocina creativa e innovadora algunas personas tienen vetados los placeres culinarios debido al dolor dental. ¡Qué paradoja! Unos comiendo a dos carrillos y otros sufriendo un verdadero calvario por dar un pequeño bocado.

El dolor bucofacial es muy común -quién no ha sufrido alguna vez un dolor de muelas o una jaqueca – pero asimismo difícil de diagnosticar. Problemas distintos se parecen entre sí y descubrir la causa del dolor supone a menudo un verdadero acertijo médico. Vamos a centrarnos en uno de los dolores más frecuentes en las consultas del dentista: el dolor que se origina en el aparato anejo, muscular y articular, que ayuda a triturar los alimentos.

TRASTORNOS TÉMPORO-MANDIBULARES

La articulación de la mandíbula se denomina Articulación Témporo-Mandibular (ATM) y como su nombre indica, conecta un hueso del cráneo, el temporal, con la mandíbula; vendría a ser una especie de bisagra que facilita la abertura y el cierre de la boca. La ATM es una articulación muy especial porque, a pesar de su minúsculo tamaño, soporta grandes esfuerzos y fricciones, para ello dispone de un disco cartilaginoso (menisco) y dos cavidades articulares independientes. Para rizar todavía más el rizo, cuando abrimos la boca se producen movimientos discordantes entre la mandíbula y el disco interno, de tal forma que mientras la cabeza mandibular va hacia adelante el menisco se desplaza en sentido inverso, deslizándose uno sobre otro como si de un cojinete se tratara.

Los pacientes con trastornos temporomandibulares notan dolor constante en la región mandibular, dificultades para abrir la boca y “crujidos” en la ATM.

Muchos de ellos refieren, además, sensación de taponamiento en los oídos, zumbidos, vértigos y dolores cervicales. Se desconoce con exactitud la causa de estos problemas aunque tradicionalmente se haya atribuido al hábito de rechinar los dientes o a la mala oclusión de la dentadura. En la actualidad se invocan mecanismos complejos en los que participan al unísono diversos factores osteomusculares y psicológicos.

El proceso inicial se desencadena por ‘micro­traumatismos’ en la ATM que provocan cambios inflamatorios dentro de la articulación. En una fase avanzada los pacientes pueden referir que la mandíbula se les queda “bloqueada”, sea en posición cerrada con imposibilidad de abrir la boca (lo más habitual) o viceversa; el motivo es que el menisco degenerado, en lugar de resbalar hacia atrás, queda atrapado en la ATM dislocando la mandíbula. La secuencia de sucesos mencionados se expone esquemáticamente en el diagrama. En la segunda parte de este artículo se describirán los tratamientos que usamos para aliviar dichos trastornos.

Article publicat a “SALUD Y MEDICINA” – març 2017


Haciendo visible lo invisible

A más de un lector le sorprenderá que exista una especialidad llamada ‘Medicina del dolor’. Pero ¿el dolor no era un síntoma?, se preguntarán. Pues bien, en realidad el dolor en nada se parece a la hipertensión o a la fiebre; el dolor es en sí mismo una enfermedad. De hecho, la IASP (Sociedad Internacional para el Estudio y Tratamiento del Dolor) lanzó hace unos años una campaña europea cuyo lema era precisamente ése: “El Dolor, una enfermedad por derecho propio”. Hay que tener en cuenta que el dolor es un fenómeno complejísimo desde el punto de vista neurológico. No es una modalidad sensorial simple como pudiera ser por ejemplo el tacto, sino que sería más parecido a la vista. El órgano de la visión posee un sofisticado engranaje que es capaz de decodificar múltiples bits de información de un objeto e informarnos de su tonalidad y contraste, de su textura,.. etc. De igual forma un síndrome doloroso específico es una amalgama de cualidades superpuestas. Existen componentes nociceptivos, neuropáticos, somáticos y viscerales, por nombrar unos pocos.

Se ha dicho con justicia que el dolor es un color, queriendo expresar con ello los infinitos matices que puede llegar a transmitir una sensación dolorosa.
Otra característica genuina del dolor es que es ‘poliédrico’ porque afecta a múltiples dimensiones del ser humano, trunca la vida del individuo en el ámbito personal, familiar, social y económico.

Me estoy refiriendo en todo momento al dolor con letras mayúsculas, al dolor que llegó para quedarse, al Dolor Crónico. La vida de la persona con dolor crónico se degrada rápidamente, es una vida sin horizonte, el dolor es su brújula y su destino. La verdad es que el dolor no acaba con tu vida pero “te mata” en vida.

El dolor crónico es un terrible azote para las sociedades occidentales y supone una inmensa cuantía económica para los sistemas sanitarios. Sin ir más lejos los americanos se gastaron el año pasado la friolera de 600 mil millones de dólares para ‘combatir’ el dolor. A grandes rasgos se estima que 100 millones de europeos sufren dolor crónico, aproximadamente uno de cada cuatro ciudadanos.

La especialidad ‘Medicina del Dolor’ es una especialidad joven y todavía poco conocida en nuestro medio. Nació allá en los años 60 gracias al Dr. John Bonica, un anestesiólogo italoamericano que participó en el desembarco aliado. Este médico, atendiendo a heridos por metralla, se percató de que muchos combatientes sufrían dolores refractarios a la morfina, dolores extraños, persistentes, caprichosos, de difícil interpretación.

Fruto de sus trabajos e investigaciones germinó nuestra disciplina: el tratamiento especializado del dolor. Es para mí una enorme satisfacción dar el pistoletazo de salida a la sección ‘Medicina del Dolor’. Estoy convencido de que gracias a Barcelona Salud y El Periódico esta enfermedad “silenciosa” obtendrá el eco que en justicia merece.

Article publicat a “SALUD Y MEDICINA” – octubre 2016


Entrevista Abadía – Córdoba

ENTREVISTA LEOPOLDO ABADÍA A JOSE LUÍS DE CÓRDOBA “Los hombres vivimos menos años, pero con menos dolor que las mujeres” Cuando me propusieron conversar con un médico experto en dolor no creía que el concepto del dolor pudiera tener mucha profundidad más allá de lo que es. Pensaba: te duele, tomas algo. Te duele mucho, tomas algo más fuerte. Y ya. Pero descubro que el trabajo que hace Jose Luís de Córdoba, además de ser pura ciencia, es de una profundidad humana difícil de entender en su totalidad. Sentido humano que no se puede impostar: hablar con él es darse cuenta de que estás frente a una buena persona que hace muy bien su trabajo… para que todo nos duela menos. Leopoldo Abadía

  • ¿Hay manera de objetivar el dolor?

El dolor como ciencia de estudio está perfectamente cuantificado. Hoy en día se están empezando a tener marcadores de dolor que, junto a los estudios de la conducta humana, hacen que el dolor sea un aspecto cuantificable.

  • ¿El dolor va asociado a la edad?

A medida que alguien envejece, la prevalencia del dolor aumenta considerablemente. Sobre todo el dolor neuropático. Se calcula que normalmente el 20% de la población sufre dolor crónico.

  • ¿Y al género?

También. La Sociedad Internacional de Clasificación de Cefaleas define hasta más de 30 tipos de dolor de cabeza. La mayoría de los dolores, como la clásica migraña o los problemas de huesos, son mucho más frecuentes en las mujeres que en los hombres. Los hombres vivimos menos años, pero con menos dolor que las mujeres.

  • ¿Qué tipos de dolor existen?

La división más sencilla es la que diferencia el dolor agudo del crónico. El primero es un dolor sano, es el que sentimos, por ejemplo, cuando nos quemamos o sufrimos de apendicitis. El dolor agudo es el que nos ha ayudado a evolucionar, a evitar peligros y a buscar soluciones ante enfermedades. El dolor crónico, sin embargo, carece de sentido biológico. Es decir, no tiene ninguna función positiva, al menos ninguna que hayamos descubierto. Se define como el dolor que persiste durante más de seis meses y es el que fundamentalmente tratamos en las unidades del dolor.

  • ¿Cuáles son los dolores crónicos más frecuentes?

Destaca principalmente el osteomuscular, es el que se origina en la columna (lumbar y cervical), en las grandes articulaciones de carga (hombro, rodilla y cadera) o en los tendones. También es muy frecuente el dolor neuropático, el que está vinculado de un modo u otro con el sistema nervioso. Y no me refiero solo a los nervios periféricos, sino que dentro de la clasificación del dolor neuropático, también entran aquellos dolores de la médula espinal y del sistema nervioso central, es decir, del tronco del encéfalo y del cerebro.

  • ¿Qué enfermedades van asociadas a un dolor intenso?

Algunos tipos de dolor son tan intensos que no los puede aguantar nadie. La neuralgia del trigémino se ha definido como el peor dolor del mundo y en algunos casos puede llegar a provocar el suicidio en la persona que lo sufre. Pero hay muchas otras enfermedades que, sin ser tan escandalosas ni mediáticas, comportan un serio quebranto de la salud física y mental. Nos referimos a las hernias discales, a las fracturas vertebrales, a las migrañas o a las artrosis de cadera, por ejemplo.

  • ¿Cómo influye el apoyo familiar y el aspecto emocional en la percepción que tiene el paciente del dolor?

El apoyo familiar influye mucho y puede llegar a reducir el dolor. Este se puede modular. El sistema nervioso tiene una capacidad de neutralizar el dolor espectacular. Se ha comprobado que la distracción o la hipnosis pueden tener un componente analgésico considerable.

  • ¿Qué alternativas terapéuticas usáis para mitigar el dolor? ¿Qué avances ha habido en este campo?

La imagen, en particular la radiología digital y la ecografía de alta resolución, ha sido un gran avance, sobre todo para los intervencionistas del dolor. Hoy en día dirigimos las agujas y las cánulas a estructuras anatómicas muy profundas y nobles, cerca de arterias importantes como son las de la médula espinal o las del cerebro, por ejemplo. Lo hacemos a través de una monitorización online en tiempo real y los procesos ahora son mucho más precisos, seguros y eficaces. Sin olvidar la mejora que han supuesto los nuevos fármacos moleculares, aquellos que son capaces de atacar a los mecanismos íntimos que transmiten y amplifican el dolor.

  • ¿Actualmente cualquier dolor tiene solución?

Cualquier dolor puede mejorarse. Muchos de los que antes no podíamos hacerlos desaparecer ahora ya podemos. Conseguimos que deje de afectar a la vida del paciente. En aquellos casos en los que el dolor no puede silenciarse, sí que hemos conseguido rebajar el grado. Es importante que el paciente ponga de su parte y, seguramente, que cambie algunos hábitos de vida.

  • ¿La medicina del dolor es la gran olvidada?

En nuestro país sí, aún queda bastante trabajo de concienciación. En este campo, aún nos queda mucho por aprender de países como Inglaterra o Estados Unidos, donde esta especialidad está más reconocida.

Perfil: Tras licenciarse en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona, el barcelonés Jose Luís de Córdoba Benedicto (Marzo, 1959) ha dedicado su carrera profesional a investigar y aplicar técnicas de mínima invasión para tratar los dolores crónicos. Este especialista de la medicina del dolor es actualmente responsable de las Unidades del Dolor del Hospital de Mollet y de la Clínica Sant Honorat, en el Vallès Oriental y la Ciudad Condal respectivamente, y fundador de la Societat Catalana del Dolor y de la Sociedad Española de Neuromodulación, entre otras responsabilidades. Es autor de numerosos artículos publicados en revistas de referencia como Regional Anesthesia&Pain Medicine, Pain, y Anesthesiology, por ejemplo. A su faceta científica tal vez se añada una vertiente artística heredada de su abuelo, el escultor J. Manel Benedicto, autor de ‘Juventud’, el famoso desnudo femenino de la plaza Francesc Macià, en Barcelona.

Entrevista a l’edició “SALUD Y MEDICINA” de EL PERIÓDICO” – juliol 2016

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