Haciendo visible lo invisible

A más de un lector le sorprenderá que exista una especialidad llamada ‘Medicina del dolor’. Pero ¿el dolor no era un síntoma?, se preguntarán. Pues bien, en realidad el dolor en nada se parece a la hipertensión o a la fiebre; el dolor es en sí mismo una enfermedad. De hecho, la IASP (Sociedad Internacional para el Estudio y Tratamiento del Dolor) lanzó hace unos años una campaña europea cuyo lema era precisamente ése: “El Dolor, una enfermedad por derecho propio”. Hay que tener en cuenta que el dolor es un fenómeno complejísimo desde el punto de vista neurológico. No es una modalidad sensorial simple como pudiera ser por ejemplo el tacto, sino que sería más parecido a la vista. El órgano de la visión posee un sofisticado engranaje que es capaz de decodificar múltiples bits de información de un objeto e informarnos de su tonalidad y contraste, de su textura,.. etc. De igual forma un síndrome doloroso específico es una amalgama de cualidades superpuestas. Existen componentes nociceptivos, neuropáticos, somáticos y viscerales, por nombrar unos pocos.

Se ha dicho con justicia que el dolor es un color, queriendo expresar con ello los infinitos matices que puede llegar a transmitir una sensación dolorosa.
Otra característica genuina del dolor es que es ‘poliédrico’ porque afecta a múltiples dimensiones del ser humano, trunca la vida del individuo en el ámbito personal, familiar, social y económico.

Me estoy refiriendo en todo momento al dolor con letras mayúsculas, al dolor que llegó para quedarse, al Dolor Crónico. La vida de la persona con dolor crónico se degrada rápidamente, es una vida sin horizonte, el dolor es su brújula y su destino. La verdad es que el dolor no acaba con tu vida pero “te mata” en vida.

El dolor crónico es un terrible azote para las sociedades occidentales y supone una inmensa cuantía económica para los sistemas sanitarios. Sin ir más lejos los americanos se gastaron el año pasado la friolera de 600 mil millones de dólares para ‘combatir’ el dolor. A grandes rasgos se estima que 100 millones de europeos sufren dolor crónico, aproximadamente uno de cada cuatro ciudadanos.

La especialidad ‘Medicina del Dolor’ es una especialidad joven y todavía poco conocida en nuestro medio. Nació allá en los años 60 gracias al Dr. John Bonica, un anestesiólogo italoamericano que participó en el desembarco aliado. Este médico, atendiendo a heridos por metralla, se percató de que muchos combatientes sufrían dolores refractarios a la morfina, dolores extraños, persistentes, caprichosos, de difícil interpretación.

Fruto de sus trabajos e investigaciones germinó nuestra disciplina: el tratamiento especializado del dolor. Es para mí una enorme satisfacción dar el pistoletazo de salida a la sección ‘Medicina del Dolor’. Estoy convencido de que gracias a Barcelona Salud y El Periódico esta enfermedad “silenciosa” obtendrá el eco que en justicia merece.

Article publicat a “SALUD Y MEDICINA” – octubre 2016

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