Cuando comer duele II

En el artículo precedente esbozábamos las causas y los síntomas de los trastornos temporomandibulares. Pero, ¿es esta una enfermedad grave?, ¿qué hay que hacer si duele la Articulación Témporo-Mandibular (ATM)? Antes que nada, señalar que el pronóstico es bueno y que muchos casos se resolverán con medidas sencillas al alcance de cualquier facultativo. No obstante, es primordial poner orden y concierto desde el principio, evitando así que el proceso vaya a mayores. Una combinación equilibrada de consejos de autocuidado, férulas de descarga, fármacos (ibuprofeno-arginina) y psicoterapia, acostumbra a ser la fórmula magistral para este tipo de padecimientos. En los casos refractarios con restricción del movimiento de la ATM (anquilosis), se recomienda la artroscopia mediante una cámara de video miniaturizada, e in extremis la apertura quirúrgica de la articulación para eliminar el disco o sustituir la articulación. Sin embargo, antes de llegar a esa situación límite, tenemos a nuestra disposición técnicas mínimamente agresivas para ayudar a nuestros dolientes enfermos.

Artrocentesis de la ATM

La artrocentesis consiste en introducir una fina aguja en cada una de las dos diminutas coyunturas de la ATM e inyectar líquido a presión para liberar las adherencias internas. Este lavado hidromecánico persigue rescatar la funcionalidad de la articulación y acostumbra a ser muy efectivo (85% de éxitos). Normalmente esta técnica se ha practicado a ciegas, por tacto, basándose en referencias anatómicas de superficie. No es difícil imaginar que en dichas circunstancias la certeza de encontrarse dentro de la ATM sea poco fiable. En las unidades del dolor se aboga por realizar esta técnica guiada por imagen, es decir confirmando su localización con un contraste radiológico que dibuje con nitidez la ATM; hoy en día se considera imprescindible el uso de la radioscopia digital para practicar las punciones de alta precisión.

Ácido Hialurónico (AH)

La artrosis se caracteriza por la destrucción del cartílago articular que se vuelve incapaz de amortiguar los retos biomecánicos que se le exigen. Uno de los sellos distintivos de la artrosis es la disminución del AH del líquido sinovial. Afortunadamente, tenemos la posibilidad de inyectar AH en la propia ATM. Aparte de disminuir el rozamiento entre las superficies articulares, el AH inhibe la inflamación y tiene una acción analgésica directa. Los protocolos actuales de las unidades del dolor incluyen infiltrar AH en la ATM al finalizar toda artrocentesis terapéutica.

Article publicat a “SALUD Y MEDICINA” – juny 2017

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